dimarts, 19 de setembre de 2017

Parecía amor. Pero duele más que si lo fuera.

Igual de mentira fue, igual de falaz sigue siendo.
Parecía amor y sigue sin serlo.
Pues duele. Duele más que si lo fuera.
Duele y sigue insistiendo: en quedarse y llamarse amor, sin merecerlo.
Y por no serlo, por no tener un nombre propio, digno de ser nombrado,
es tan difícil despegárselo de dentro.

Podría llamarlo bruma, porque de nada era su sustento.
Porque apenas la luz la traspasaba, arremolinaba capas y se escondía.
Porque así podía ser un gigante capaz, el disfraz del chico lamento.
Porque así podía no presentarse, la normal humana persona que había.
Así, disimulada, soslaya la bruma el posible rechazo y su tormento.

De autenticidad no sabe la bruma. No sabe, es sólo una fantasía.

Pero a los que nos gusta más soñar,
a los que nos cuesta despertar y soportar el dolor de la vida,
la bruma nos engaña sin reparo.
Y luego ves a reclamar: "Lo siento niña,
ya sabes cómo somos, los que somos... así de raros"
Pero no, yo no lo sabía.
"Deberías... nadie te pidió que fueras buena conmigo"
Como si la existencia de bondad fuera una excusa para la maldad,
o su consentimiento.

¿Acaso debe comenzarse el amor
con sospechas, recelos y corazas?
Esa excusa nos dan, quien con su ligereza, nos dañan.

"Si te dejas engañar, es tu culpa" - dice la bruma -, "no mi saña"
"¿Acaso no eres capaz de intuir, que yo no valgo nada?
Que yo me escondo aquí, porque nada creo ser
y tú me amas así, porque es más fácil amar a una ilusión
y perfecta imaginarla
que amarme a mí!".
Que parezca tener razón el chico bruma, no lo libra de su carga.

Pero ¿De qué sirve que te escondas ahí
para engañar y sentirte amado en tu mentira,
si al final eso te va a frustrar
y me vas a hacer pagar ese dolor, con tu ira?
Yo no puedo saber si amarte a ti hubiera sido peor
si nunca le has mostrado la piel de tu alma
al sol.

"¿Y caer en el maltrato de otra bruma? ¡Ni loco!"
Ah vaya... lo confiesas.
Que son ofensas tus empresas.
Mostrarse tal cual eres, merece para ti, respeto, poco.
Y tú hablabas de ser certezas.
Ahora comprendo:
todo lo que dijiste que no soportarías,
era una descripción de lo que eras.


No era buen momento para amar.
A nadie.
A ti, aún menos.
Y no te equivocabas al pensar que mi amor
tenía tanta sed de dar, como necesidad de consuelo.
Pero no es posible amar, de verdad,
sin quererse a uno primero.

Así que parecía amor y sin duda nunca lo fue.
Y quizás de haberlo sabido
aún así habría caído.
Tan mal aprendida la lección que tomé.
Tan mal adiestrado el instinto.
Que si no llega a ser por su dni distinto,
decir que había visto al mismo bicho, con otro pie.



KPV Setembre/2017



dijous, 31 d’agost de 2017

Evitarte

Evito tocarte con mis palabras.
Evito recordar tu frialdad,
la pesada carga del poder de tu rechazo.
¿Qué dicen de mí tu silencio y tu indiferencia?
Me he vuelto quizás una simple piedra que uno patea
y aparta del camino,
o es que ya lo era.
¿Qué dicen de ti, tu crueldad y maltrato?
Te has vuelto quizás un consumidor narcisista
o es que ya lo eras.

Evito tocarte con mis palabras.
Evito que los silencios entre ellas,
sean el fondo recortado de una memoria
reclamando un prestigio absurdo.
Un lugar entronado en mi pasado
que no son más que fantasías de mi presente.
¿Qué dicen de mí, mis ensueños y deseos?
¿Qué dicen de ti, que tenga algo que ver con quién realmente fuiste?

Evito tocarte con mis palabras.
Ellas, empiezan a olvidar cómo te escribían.
La ilusión se reseca y parece evaporarse.
Se hace difícil rememorarte en intensidad y en sentimiento.
¿Qué queda de ti que fuera auténtico?
¿Qué pude amar que en verdad te perteneciera,
fuera de mi delirio y de tu máscara?


KPV Agost/2017




dilluns, 28 d’agost de 2017

La flor de Pradayava

Para mi queridísima amiga Marga, una de mis más preciadas fuentes de amor.

Pradayava llevaba muchos años viajando cuando llegó a una llanura llena de arbustos en flor. Las inflorescencias de múltiples pétalos tubulados y de colores llamativos y hermosos eran innumerables. La belleza de aquel espectáculo de delicadas estructuras poseía una energía que hizo temblar a Pradayava y sin darse cuenta su brazo se adelantó para hacer suya aunque sólo fuera una de esas flores... pero antes de tocarla se percató de la presencia de un anciano al borde del camino que lo saludaba. 
Se acercó. Ofrecía flores a cambio de una canción. Pradayava estaba pletórico. Él había inventado los cantos, su voz era perfecta y producía en los demás bhannira un placer inigualable cuando cantaba. El anciano, extasiado y agradecido, le regalaría el campo entero de flores, pensaba convencido. 
Cantó, su voz se extendió por el paisaje, inundó de éxtasis el cielo y el agua, la vibración rellenó los huecos de lo invisible, y al instante, todas las flores se marchitaron y se tornaron grises y macilentas. Pradayava se asustó y miró al anciano. Pero allí sólo quedaba una sola flor blanca...

Pradayava la tomó con cuidado entre sus manos y huyó. Lloraba y lloraba la culpa de haber destruido con su canto aquel lugar tan hermoso. Corrió y corrió mientras aceptaba esa verdad tan incómoda: la existencia de la destrucción en su propia belleza, el mal que completaba necesariamente su perfección. Siguió corriendo y después voló durante mucho tiempo, hasta que dejó atrás aquel mundo y otros. Y cuando sus ojos se secaron apenas, se encontró en un lugar desconocido y desértico, en un mundo yermo. Pero la flor necesitaba volver a la tierra. Así que hizo un hueco con sus manos e introdujo su tallo. Se sentó frente a ella y esperó, hablándole, contándole todo lo que sabía de la vida, de otros lugares. Habló durante años, pues Pradayava había vivido mucho y sus historias contenían otras historias llenas de hendiduras que al abrirlas contenían nuevas historias…
Pero un día calló, pues los pétalos empezaron a secarse poco a poco.

El primer pétalo se separó de la flor. Pesaba tan poco que ascendió sobre la tierra y así nació el viento, y de él la voz, los pájaros, las pompas de jabón, las semillas y las ideas originales.
El segundo pétalo le siguió al poco. Pero como el viento ya existía empezó a dar vueltas sin poder parar y así nacieron los ciclos de la vida, las ruedas de las bicis, las órbitas y los rizos, los amigos que regresan y los giróvagos, los gatos y las tostadas con mantequilla. Y por supuesto, la risa contagiosa que no puede parar...

Del tercer pétalo nacieron las montañas y por fin el tacto y las caricias. También las creencias que nos cuesta tanto cambiar, las varas de medir y el placer de los desayunos de buena mañana. Y se cree que también de este tercer pétalo son las sombras, los atardeceres y la compañía.

Hubo dos pétalos que estaban tan pegados, que al secarse cayeron juntos. Y así nació todo lo que no se explica sin el otro, los opuestos y los complementarios. Así nació la soledad, el boxeo, los bocadillos, el ajedrez y la añoranza. Los tándem, las almas gemelas y la simetría, el yin y el yang, los bits y el allioli.

De un pétalo muy pequeño nació el tiempo en ese mundo. Y también como es normal, las arrugas, las obsesiones, el entrecejo y los agujeros negros. Y con el tiempo, se crearon los árboles, los nudos y la siesta, las existencias pequeñas pero completas, las cosas que cambian, las historias del pasado y las fantasías del futuro. 

Y así fueron cayendo todos los pétalos, y así fueron naciendo todas las cosas. Las que conocéis y muchas de las que no sabéis nada, ni debéis...

Hasta que sólo quedó un pétalo.

Y aunque a la flor le parecía insoportable perder al último de ellos, y su resistencia era enorme, finalmente, nació el amor generoso y el pétalo se desprendió, para caer a los pies del tallo. 

Y con él nació todo lo que le era afín: el renacimiento de sus flores hermanas y el perdón, la primera página de una libreta nueva y el vuelo silencioso de las mariposas, el hilo rojo pero también las despedidas y su dolor, los abrazos, los gritos de dos niñas jugando con las olas y el camino de la luz de la luna sobre el mar.. que fue creado, junto a los cantos de las ballenas, los aullidos de las lobas y el valor, cuando el último pétalo lleno de lágrimas de Pradayava se desprendió de la flor más bonita que él, en sus miles de años y viajes, jamás pudo contemplar.

KPV Setembre/2016

dimecres, 28 de juny de 2017

Abuela Amiyana

A poca distancia bajo de la bicicleta.
Quiero presentarlo a Abuela Amiyana.

La de los ojos profundos -me contaron-.

Amiyana, la hormiga,
llena en su interior de recovecos
con alimento para las dudas,
con calor para prender certezas y evaporar engaños.
Escondrijos
donde custodia almas que duermen
mientras sueñan y licúan dilemas.
Cavidades
repletas de exigencias para sentir
de artilugios desacatadores de conductas
de extrañas pociones para 
apasionar el deseo de bailar y cantar
mientras llueve sobre la vida.

Y una reina, llena de instinto.
Que presagia, considera, escucha, juzga y se aflige.
Que palpita, estima, impresiona, compadece y ríe.
Eso dijeron, mientras apretaban sus manos contra el pecho
y agradecían los ojos profundos de Amiyana sobre sus corazones.

-Abuela, quiero acercarte a alguien... -
Ella no quiere nombres, me advirtieron
pues casi nadie conoce realmente el suyo.
El poderoso dentro de nosotros.

Me dice que quiere saber lo que yo siento.
Quién es para mí, aunque no sea todo lo que es.
Y que después calle, para dejarlo ser y llegar a ser.

- Es..., siento..., amor y vacío.
Lo miro y detecto mucha duda y después conocimiento prendido en enojo.
Cuando se destensan unas sogas íntimas, se vuelve hambre y alegría,
y entonces su vendaval me hace sentir satisfacción, entusiamo de tenerlo junto a mí.
Pero también siento alivio, porque una parte de él parece haber desaparecido.
Y es que a veces, es apremio, frustración, y yo titubeo y acabo tropezando.
Y después él me recoge con dulzura y una sonrisa bellísima en los ojos
o me riñe con fastidio y su boca se tiñe de una amargura evocadora.
Es..., siento..., pequeñez o altura, escalones. Aunque caminemos juntos. -

Abuela Amiyana me mira con ojos insondables y quietos.
¿Y no se mezclan?
- me pregunta -
¿No se mezclan el amor y el vacío?

Yo abro mucho la boca, pero no contesto.

Ella me mira. Me mira con una intensidad que me conmueve.

- Entrevéralos, dile.
Cuéntale que yo te dije:
  Vierte el amor sobre todo,
  hasta que casi lo sientas perderse dentro de ti.
  Sí, temerás.
  Y querrás contenerlo, apresarlo como otras veces.
  Controlar su existencia y su desaparición.
  Su viveza, su destino.
  Cuándo arrebatarlo, sustraerlo para castigar o defenderte.
  Cómo regalarlo para premiar o vencer.
  Ser dueño del amor, te crees que puedes.
  Y por eso lo limitas y lo conviertes en esa raquítica versión de sí mismo.
  Temerás, lo sé.
  Pues así como el amor se extienda, el vacío también lo ocupará todo.
  Y una parte de ti, sobre la que se apoyan tus espaldas y tus creencias, se derrumbará.
  Bajo el peso de la nada, tú, ese tú que crees que eres, querrá irse y te sentirás abandonado
  o morderá tu corazón con las mandíbulas más desesperadas
  para poseerte, como siempre.

Cuando note a ambos, ininterrumpidamente presentes
el vacío y el amor
en cada gesto, cada acción y palabra
cuando la dicotomía desaparezca,
que venga a buscar su nombre.


KPV Juny/2017

dimarts, 27 de juny de 2017

Mi corazón me habla

Está todo tan tranquilo ahora
que puedo escuchar a mi corazón hablándome.

Se fueron los incendiados desacuerdos
que se dejaron sin resolver con un poco de apasionada cama.
Nunca el sexo fue un placer tan chillón e inútil.
Cuando ahora conozco mi cuerpo, mi yo misma,
y soy la experta guía de los pocos elegidos,
que sobrevivirán al escrutinio de sí mismos.


Esta calma que una vez me pareció tan agobiante
pues me recordaba a aquel lejano trato silencioso:
Cómo no dudar de ti misma
cuando mientras te expresas
quién te protege con aparente eficacia
te lastima con su frustración o su amargura.

No os pongáis a merced
de quién no se sepa amar a sí mismo.
Ni intentéis amar a otros
sin querer vuestro bien primero.
¿Cómo si no, conocer el límite del maltrato?
Que podéis causar,
que podéis recibir...

No malgastéis vuestros tiempos,
con vacuas experiencias
que se repiten y se repiten...


Mi corazón me habla, ahora que todo calla.
Calma, serenidad, saber, alegría.

KPV Juny/2017


Llegando tras el viento

Cuelgan las luces sobre el filo de la ventana.
Acompañan brevemente al viento que se desplaza junto al camino
encabritado
parece tirar del amanecer y acercarlo desde las montañas.
Entrechocando sin apenas ruido, se diría que unas pocas estrellas titilantes
han bajado del nocturno cielo para observar la mañana que las disuelve con su brillo.

Ella observa las luces y sonríe.
Unos mechones de cabello se escurren por su nariz
para besarle los labios
pero ella, distraída, no se deja.
Se acerca a la puerta bajo el porche
que huele a café y a hoguera recién hecha.
Y descalzando antes sus botas, entra.

Durante unos instantes el placer de caminar
dentro de los gruesos calcetines y sobre la maciza madera
la sobrecoge.
Recorre la distancia hasta las primeras mesas
con los ojos entornados y la boca abierta
y aún sin ruido
su cara construye un gemido, un ronroneo de puro deleite.

El joven tras la barra la observa divertido.

He caminado tras el viento desde media noche,
-dice ella.
Él asiente y entiende.
El viento se lleva el camino fácil
se lleva el olor de las plantas
y el polvo suave.

Él quería llegar antes, y contarnos que venías,
- le explica él con voz sedosa.
Ella asiente y entiende.
El viento es hijo de aquellas tierras
las ama
y la llegada de una bruja
es una alegría, una sorpresa y una amenaza.

KPV Juny/2017

dimarts, 30 de maig de 2017

Tus temores, no son mi vida

Devoro con mis dientes interiores los temores que me expresas.
Intento hacerlos trizas tan rápido como puedo,
antes,
de asimilarlos
de olvidar que no eran míos
-seguramente tampoco era tuyos-
¿De quién eran?
Tan difícil de encontrar es el pensamiento genuino.


Abraso con mis ojos tu actitud solícita, tus caricias que me adormecen
tus "dónde vas a estar mejor que aquí",
- en este lugar de sucesos conocidos, de límites imaginables -
- en este vivir de actitudes periódicas, de sorpresas normalizadas -
cuando puede ser en cualquier otro sitio
en el que no necesiten que sea... algo más que yo.
Ni nada menos.
Tan sencillamente yo y mis no hay fronteras, que soy inabarcable.
O en todo caso, todavía no, seguramente nunca no...


Tú, me tocas con tus voces suaves, y huelen a olvido. A muerte del alma.
Tú,
que en vez de aceptar la irremediable muerte de la vida
como excusa brillante para adentrarte de manera
espontánea
perpetúa
sedienta
en su alegría
en la generosidad y humanidad de la existencia compartida...
Reprimes para olvidar - en superficie -
el sentimiento de horror.

Leí:
Quien reprime su dolor
en vez de sobrepasarlo y aprender
achata cualquier esfera de su vida.
Y se convierte en un padre para sí, neurótico y amargado.

Entendí:
Quien lo acepta,
como algo que la vida puede traernos,
aunque nunca saliéramos a buscarlo,
deja de ser el niño que se emperra en creer
que sólo la vida sin dolor ni esfuerzo, puede traer la felicidad consigo.


Así que, desde tu parapeto empobrecido decides que "Hoy es por mi bien"
porque me quieres tanto que nada podrías soportar que me pasara.
Y yo, desde el otro lado de la mesa, con la puerta semiabierta
te miro y sabes que te sonrío para no decirte:
¿Cuánta de mi vida necesita tu ansiedad que se malgaste?
¡Cuánta yo debe morir para sentirte acomodado en tu pequeña vida de corazón angustiado!

Se acabó. No me hables más.
Te quiero, padre.
Pero ninguno de tus temores, son mi vida.


KPV Maig / 2017